Si tras varios días de beber mucha cerveza te apetece pasarte a unos chupitos de H2O,el lugar a visitar es la ciudad balneario de Karlovy Vary. Está situada al oeste de Praga a dos horas de viaje. Aunque el trayecto pueda parecer largo, los autobuses disponibles ( y de módico precio)  lo amenizarán.

Del subsuelo brotan 80 manantiales que vierten a diario cerca de seis millones de litros de agua de elevado contenido mineral. Es por ello, que durante siglos, antes de que cayera el telón de acero sobre Checoslovaquia, Karlovy Vary refulgía como una legendaria ciudad balneario entre bosques, con edificios rococó color crema y pasajes porticados, donde Beethoven, Liszt y Chopin, al igual que Goethe, Tolstói, Turguéniev, Karl Marx y Sigmund Freud, acudían para desaparecer en un mar de tratamientos con aguas medicinales.

Hoy en día siguiendo esa antigua tradición los viajeros equipados con una pequeña jarrita de porcelana ( fácilmente adquirible en puestos de venta ambulantes), realizan la ruta de los manantiales degustando los diferentes y curiosos sabores de las aguas checas. Entre ellas una de las más especiales es “ Hot Spring Colonnade”.

Además de por sus aguas naturales esta ciudad es conocida por sus lujosos balnearios, los cuales en el mes de Julio se llenan de las estrellas que asisten al festival de cine.

Si quieres algo más ocioso que el puro relax, saca la cartera and go shopping. Encontrarás artículos/accesorios de lujo a muy buen precio y un bonito capricho o regalo es la piedra de la zona (el granate de Bohemia es una piedra semipreciosa de color rojo oscuro, cuya explotación y aprovechamiento en la joyería data de la Edad Media).

No cojas el autobús de vuelta sin haber tomado algo en una de las maravillosas terrazas de este recomendable lugar.